martes, 17 de febrero de 2015

LA PUERTA A LA VIDA

La vida es como una casa, en la cual hay infinidad de objetos, personas, historias, anécdotas, experiencias...

Dentro de ella hay miles de millones de personas, cada una con su estilo y ocupando el lugar de la casa, de la vida, que más le corresponde. Los más tradicionales se depositan en el sofá, en la vida tranquila, en la vida lenta. Los menos tradicionales en las escaleras, donde pueden cambiar de planta, de estilo, de historia, siempre que les plazca. Los soñadores miran por la ventana imaginando hasta donde podrían llegar sus vidas. Los pensativos y emprendedores en la buhardilla, donde pueden llegar a ver, y llegar a ser, más que nadie de los del sofá o los que se reposan en las ventanas viviendo sus fantasías. Los gobernantes y reyes, en la cocina, donde pueden maquinar y fabricar lo que les plazca a costa de los demás. Y las malas personas, en el sótano, cerrado con llave, solo que esa llave, las tiene la justicia, y esta está a manos de los de la cocina.

Cuando naces, te suelen abrir la puerta y recibirte en esa casa, donde podrás crecer y formarte, enamorarte y ser feliz. Pero todo no va a ir genial. Hay gente que no siente así su entrada en la casa.

Yo soy uno de ellos. Soy tan distinto, que no puedo creer que esa casa sea mi casa. Yo siempre me he sentido fuera de ella. A veces la miro desde la lejanía intentando analizarla y entenderla, sin resultado alguno. Otras veces me he acercado y tocado su exterior anhelando poder entrar algún día. Incluso hace poco llamé a la puerta, aporreandola y rogando que alguien pudiera abrirme. Recuerdo que una vez incluso la empujé y la golpeé creyendo que así la echaría abajo, iluso de mi. Perdida la esperanza día a día la recorro intentando encontrar un hueco aislado por el que acceder. 

Se siente pánico y desesperación. Quizás nadie abra porque en mi casa no haya nadie, vacía, fría, inerte. O quizás es que yo sea ese error, esa solución equívoca en la ecuación y por ese motivo no logro mi propósito. En pensamientos nocturnos y alejados de toda lógica pienso en quemarla, o derribarla, y al fin ver lo que ansiadamente espero, si esa casa, mi casa, se encuentra cubierta de alegría, de vacío, de un sillón, de ventanas, cocina o buhardilla. 

Quizás es que el exterior de la casa sea otra parte de ella, en la que nos encontramos los incomprendidos. Nunca lo sabré. Solo veo entrar y entrar más personas y por más que grite, no se vuelven.

Lo más acertado en mi caso sería pensar que quizás no exista tal puerta, y que esté paranoico y mi subconsciente ha creado esa ilusión para mí. 

Creo que voy a sentarme a esperar a que otra persona venga y juntos poder descifrar este misterio, mi misterio, mi vida.

lunes, 9 de febrero de 2015

LA ATRACCIÓN DE LA VIDA

A medida que voy viviendo, conociendo, experimentando, odiando, queriendo, soñando y recordando voy dándome cuenta de como funciona esta vida, al menos de una mínima parte.

Esta vida es como una jodida montaña rusa. No hay otra. Un día estás en lo más alto y al día siguiente te ves sumido en la más profunda parte de esta atracción llamada vida. Hay veces que coges una gran velocidad y hay otras que incluso te atascas y te quedas parado durante un largo tiempo hasta que los mecánicos, que metafóricamente son personas, hechos, o acciones, arreglan esa avería y te permite seguir hacia delante. 

Cada vez estoy más y más convencido de la teoría que dicta que cuando varias cosas buenas que te suceden, unas malas están por venir. Y viceversa. Así es como una especie de bucle. Estás genial porque te están pasando cosas buenas y la vida no te deja disfrutar ni conocer en su máximo exponente la felicidad para que no te acostumbres a ella, y te responde con algo malo. Así, cuando te pasa algo bueno, sabes que algo lo estropeará y así no lo disfrutas con plenitud. De esta manera podríamos estancarnos y quedarnos en esa "casi" felicidad. Pero cuando nos pasa esa cosa mala, sabemos que algo mejor tiene que pasar, y eso justo nos ayuda a seguir. Un odioso bucle perfectamente organizado.

No suelo darle gran importancia a problemas secundarios como baches en ámbitos académicos, tocar fondo con algunas personas sin importancia o sentimientos que por alguna razón no deberían ser sentidos. 

El problema llega cuando en nuestras vidas esos problemas, siendo algunos de mayor importancia, se cogen de la mano y vienen hacia a ti a toda leche, solo con la intención de hundirte. Y realmente odio contar mis problemas a la gente, odio esos "lo siento" o esos "Bah, tu eres fuerte, es cuestión de tiempo". Los "lo siento" para mí son obviados, es imposible que alguien sienta realmente en su corazón, si tiene, ese sentimiento. O al menos no lo siente en todo su esplendor. Y esos "tú eres fuerte"... hasta el hombre más fuerte del mundo es vencido por la vida. 

Al final solo tenemos una entrada para la atracción. Es la más cara y valiosa, pero nos la dan gratis. Debemos pues tener a nuestro lado los mejores mecánicos, decidir si sentarnos en primera fila a vivirla al máximo o a recatarse en el último asiento visualizándolo todo.

Pero si hay situaciones en las que tantas vueltas, giros y tumbos acabas mareado y desorientado. En esas situaciones debes haber elegido bien a tu compañero/a de al lado, el/la cual te va a acompañar en todo tu viaje. Y los de adelante y atrás, con sus respectivas parejas. 

Ami, por desgracia, me dan pánico las montañas rusas. Pero en esta estoy montado obligatoriamente, no puedo bajarme, aún. Por esto, me dedico a no fastidiar a los otros viajeros, y grito lo máximo para que se bajen y se vayan a otra atracción diferente, y así, pueda gritar libremente en mi alocada atracción personal.