Estaba harto de los finales felices. Es cierto que, Jack siempre estuvo enamorado. Es extraño como alguien sin alma pudo haber dado todo por su dicha, por alguien que le hizo sentir como si tuviese corazón. Él antepuso todo su ser y principios por ella. Nunca dejo que nada la dañara e intentó agarrarla con todas sus fuerzas. De piel blanca como copo de nieve, dulce y a la vez fugaz.
Jack ya no era Jack. Nunca supo quien era, pero ese definitivamente no. Él era oscuro como la última noche de Octubre, un suspiro a la vez eterno. Pero ya nada de eso quedaba. Ahora vestía de luces y ninguna noche volvió a ser gris oscura. Toda melodía dejaba atrás los pianos melancólicos y las baladas negras, en vez de eso por toda la ciudad resonaban trompetas y flautas célebres por y para la persona que le poseía. Se impregnó de nieve por ella y dejó el que era atrás, solo por poder tocarla eternamente.
Al fin, entonces, comprendí que los finales felices no existen. Ya que Sally no está en esta historia. Jack antepuso todo su ser por la Navidad. Intentó adorarla y se vistió de blanco para conservarla. Por mucho que quisiera intentar ser el indicado y el mejor para la Navidad, nunca lo llegaría a ser. Porque Jack siempre estuvo enamorado.
Y Jack siempre será Halloween.