Sé que desearía no ser tan difícil y que las palabras salieran correctamente de mi boca. Pero mi tiempo aquí es muy corto como para preocuparme ahora. Hay veces que me siento como una maleta, áspera por los bordes, magullada y con cicatrices, y eso está bien. Significa que he viajado por cuestas muy duras. Pero no está bien dejar que la gente me diga que esa es la razón por la que debo cambiar. Mi pelo no siempre debe estar peinado igual que un poema no tiene por qué estar rimado para ser perfecto. Y muchas veces puede que me sienta como una palabra que la gente aún no ha aprendido a definir.
Quizás no sea esa estrella que alumbra la oscuridad, o ese Si Bemol que dé final a una dulce canción. Pero –una vez más– está bien, porque soy demasiado complejo como para utilizarme de metáfora.
Muchas veces no sé qué carajo estoy haciendo, ya que mis sentimientos no tienen por qué llevarse bien unos con otros. Y como un poema una vez terminado es eterno, no me puedo permitir cambiar a estás alturas del verso.
Porque soy mucho más de lo que jamás pueda escribirse. No existe título que diga "Este soy yo". No puedo estar atrapado en las eternas páginas de un cuaderno porque... yo no soy poesía.