miércoles, 13 de noviembre de 2019

Im not poetry

Podría escribir horas y horas sobre todo lo que me hubiera gustado ser, pero la verdad más importante es simple, yo no soy poesía.

Sé que desearía no ser tan difícil y que las palabras salieran correctamente de mi boca. Pero mi tiempo aquí es muy corto como para preocuparme ahora. Hay veces que me siento como una maleta, áspera por los bordes, magullada y con cicatrices, y eso está bien. Significa que he viajado por cuestas muy duras. Pero no está bien dejar que la gente me diga que esa es la razón por la que debo cambiar. Mi pelo no siempre debe estar peinado igual que un poema no tiene por qué estar rimado para ser perfecto. Y muchas veces puede que me sienta como una palabra que la gente aún no ha aprendido a definir.

Quizás no sea esa estrella que alumbra la oscuridad, o ese Si Bemol que dé final a una dulce canción. Pero –una vez más– está bien, porque  soy demasiado complejo como para utilizarme de metáfora.

Muchas veces no sé qué carajo estoy haciendo, ya que mis sentimientos no tienen por qué llevarse bien unos con otros. Y como un poema una vez terminado es eterno, no me puedo permitir cambiar a estás alturas del verso.

Porque soy mucho más de lo que jamás pueda escribirse. No existe título que diga "Este soy yo". No puedo estar atrapado en las eternas páginas de un cuaderno porque... yo no soy poesía.

martes, 12 de noviembre de 2019

The palace of an idiot

23 años y 6 meses y sigo resignándome a no saber cómo andar sin tropezar. Tantos años para seguir enredado en mis auriculares al son de Johnny Cash, despeinado por vocación e impaciente por obsesión. Tantos minutos de vida y sigo sin aceptar cómo es el mundo que me rodea, y mucho menos lo que rodea mi pequeño mundo.

No os preocupéis, porque sé muchas cosas preocupantes. Sé que las verdades duelen hasta aceptarlas pero una mentira duele para siempre. Sé que por más que pegue puñetazos al reloj éste no va a dar marcha atrás porque un idiota patalee.

Y sé que no miro atrás, porque no se puede disfrutar del paisaje en una sola mirada.

No os asustéis, también tengo cosas buenas. Mi hombro es un sitio perfecto para llorar y mis oidos un templo para escuchar. Hago unas tostadas de muerte y mi tejado es un sitio ideal. El caso es que eso no quita que mis ojos sean una autopista sin final y mi boca la sinfonía del gritar.

Desde que alguien descubrió el abismo de mis paisajes interiores ya no enseño mis recovecos. Así que ya sólo subo al tejado a contarle a la luna las verdades y mentiras que mi alter ego me grita desde la autovía que lleva a la catedral de mi orquesta final.