domingo, 18 de enero de 2015

DOMINGOS LLUVIOSOS

Sí, lo sé, debería estar estudiando los finales. Sí, lo sé, un domingo así sirve para estudiar. Sí, lo sé, como no estudie me veo en Septiembre llorando como una nena.

Pero un Domingo como este no se puede estudiar. Estos domingos son para descansar y despreocuparte de las miles de mierdas que pasan en el exterior, de los miles de problemas secundarios (que nosotros mismos lo hacemos primarios) que pasan fuera de tu casa, de tu cuarto. Yo prefiero abstenerme de toda esa basura problemática que al fin y al cabo solo nos restan años de vida. 

¿Por qué narices tendría que irme mal este domingo? Es mi domingo maldita sea. Todos hemos nacido con años de vida gratis. Es lo único gratis y valioso que nos darán nunca. ¿Por qué vamos a llenarlos de preocupación y problemas? Quizás este sea tu último domingo, o el mío. ¿Realmente quieres pasarlo así? Lo siento sociedad pero yo me niego.

Tic, tic, tic, es el sonido de tu vida agotándose. Cada minuto, cada hora, cada día que pasa es un día menos, un pasado, algo que no volverá. Detesto salir a la calle y ver a esa gente tan tan, tan normal, corriendo estresados hacia sus trabajos tan tan, tan normales, preocupados de cosas tan tan, tan insignificantes, que vuelvo a entrar en mi casa, me tiro en la cama, me pongo los cascos de música y ala, a disfrutar. 

No sé vosotros pero yo no quiero ser así. Hasta ahora me estoy resistiendo pero no sé cuanto más aguantaré. Es que es horrible. ¿Qué narices hacemos teniendo tantísimos problemas y preocupándonos tanto en la única vida que vamos a vivir? Solo tenemos una, y si tenemos problemas, que todos tenemos, solucionemoslos como algo más esporádico, todo se puede solucionar, menos tu salud. Si te agobias, te estresas y te deprimes es lo peor que puedes hacerle a tu salud, a tu vida, a ti.

Hay que tomarse la vida con un poco más de calma. Siempre va a haber problemas y preocupaciones, por eso hay que saber convivir con ellos. Si hoy no has conseguido solucionar un problema, o conseguir un objetivo, mañana tendrás otra oportunidad. No podemos quedarnos anclados en lo malo y dejar que esos problemas se adueñen de nuestra vida.

Así que, al menos hoy, aunque estéis de exámenes como es mi caso, relajaos y no hagáis de un día maravilloso y lluvioso cualquiera, un mal día, un día perdido. La vida no tiene porqué ser perfecta y sin problemas, la vida sólo tiene que ser... vivida.

Hoy, todo va bien en mi pequeño rincón del mundo.

domingo, 11 de enero de 2015

CAMBIO Y CORTO

Por fin lo he comprobado y confirmado. Si te portas bien con la sociedad, con las personas, estas se aprovechan de ti. Si decides mostrarles al menos, una parte, de como eres realmente, la utilizan para chantajearte o hundirte. Es así. El ser humano no es ni bueno ni malo por naturaleza. El ser humano es tal y como lo crea la sociedad. Y en este caso la sociedad ha sido una mala madre. Muy mala.

Algunos casos perdidos, como me gusta a mi llamarlos, nos salvamos y decidimos desobedecer a nuestra madre, la sociedad, porque no es así como queremos ser. Decidimos apartarnos y ser diferentes, mejores en este caso. Y, desgraciadamente, al ser diferentes, los hijos de nuestra madre cuarentona y drogadicta nos tachan de raros, y se atrincheran juntos para lanzar un ataque mortal.

Muchos de los que hemos decidido no hacer caso a la sociedad, terminan del otro lado. Los otros hijos, la mayoría, nuestros hermanos, son demasiados, y muchos de los pocos que quedamos deciden unirse al mejor postor, y no apostar por quien verdaderamente quieren ser.

Yo, que soy lo más diferente que puede haber, estoy en el bando de los sublevados, de los revolucionarios, de los que se preguntan el por qué la sociedad es tan pésima. Apuesto por lo que soy, pero juego solo. Por eso siempre gano. Pero al fin y al cabo soy de los raros, de los diferentes, de como queráis llamarlo, y sufro las consecuencias que estos sufren. Casi nadie sabe como soy realmente, soy demasiado reservado. Y no se me atribuyó al nacer. Se me atribuyó en el momento que adquirí la mínima decencia de darme cuenta en el mundo en el que vivo. 

¿Voy en serio a revelar como soy en realidad a estas personas? ¿De qué me sirve? Si lo hiciese con la mayoría, como ya he dicho lo usarían en mi contra y me controlarían. Si lo hiciese a la minoría a la que dignamente pertenezco tendrían una gran responsabilidad y finalmente sucumbirían al desacato y postrarían su cabeza ante corazones como los de la mayoría, vacíos. Pero, ¿y qué hago yo hablando del corazón? Yo no tengo de eso. Bueno, recuerdo que hace ya mucho lo tenía, al fin y al cabo todos tenemos uno. Pero la sociedad me instruyó y aprendí de ella. Por eso digo que no tengo corazón.

Es una pena tener corazón para vivir en una sociedad como esta. Toda se destina a acabar con los corazones de las personas puras. A mi no me lo destruyeron, porque como sabéis de antes, pertenezco a la pequeña minoría, nunca me han controlado, pero decidí suprimírmelo para así alejar de mí, por igual, problemas y, al fin y al cabo, sentimientos.

Los sentimientos no están hechos para los tiempos en los que vivimos. Por eso, he preferido enterrar los míos antes de que alguien los invada y los destruya. 

Sí, son demasiado valiosos y por eso decido quitármelos. No quiero tener nada valioso para que la sociedad, las personas, me lo puedan arrebatar.

viernes, 9 de enero de 2015

PENSAMIENTOS PROFUNDOS

El título lo dice todo. Podría veniros con mi sentido común a hablaros de lo triste que es estar solo y lo mala que es la soledad. Es lo que haría un cualquiera, cualquier persona normal de este mundo. Pero yo tengo la suerte de no ser normal.

Soledad. Palabra que algunos temen, otros anhelan raramente, y otros tenemos. Hablo de la soledad de estar solo, sí, pero no porque no pase tiempo con mi familia, amigos, o novia, en su día. No sé vosotros, pero yo necesito (y sí, digo necesito) estar conmigo mismo la mayoría del tiempo.

No sé como expresarlo. Estando solo soy como realmente soy. No tengo que aparentar, fingir, o simplemente llevar una máscara. Estando sólo no la necesito. No digo que en compañía todos mintamos, pero a distintas situaciones respondemos diferente sólo porque es esa situación la que se está dando. Y no lo veo, real. Lo veo... forzado. Todos esconden quienes son por lo menos una parte del tiempo. A veces entierras esa parte tan profundo, que ni siquiera recuerdas que está ahí. Y algunas veces, solo quieres olvidarte de quien eres realmente.

Todo esto no quiere decir que yo sea alguien malo, ni que esta situación sea mala. Simplemente pienso que la tenemos todos. Siempre que hay gente expectante,  por muy sinceros que seamos actuamos de manera diferente... o más reservada, o más abierta, o simplemente, aparentar quien no eres. Siempre he tenido esa sensación y nunca he encontrado una respuesta clara. Nunca sé si soy el único, o si los demás piensan igual.

Las personas suelen ponerse un escudo para que los demás no noten que son vulnerables. Yo también me pongo dicho escudo, pero para que los demás no noten lo poco vulnerable que soy. De alguna manera sería tranquilizante saber que no soy el único en fingir ser normal. Es decir, ninguno de nosotros es quien parecemos ser exactamente por fuera porque debemos mantener las apariencias para sobrevivir. Si lo pensáis, es cierto.

No me considero alguien raro, ni alguien misterioso ni mucho menos. Simplemente alguien confundido, alguien que sabe realizar e interpretar cada papel y busca a alguien que le vea tal y como es. Por mucho que escriba voy a seguir confundido. Sólo puedo deciros amigos, que, escribiendo a solas en mi casa, solo escucho silencio. Es un momento enternecedor, especial, poco dinámico incluso. Soy yo y mis pensamientos. Mis pensamientos y yo. Somos uno. No soy como los demás, y tampoco soy diferente a ellos. Entonces, ¿qué soy?

No soy hombre ni bestia. Soy algo completamente nuevo. Con mis propias reglas.