miércoles, 22 de febrero de 2023

Fuego fatuo

Prender fuego a aquello que te ha hecho daño, al igual que hacerlo con aquello que has querido o con aquello a lo que te hizo una vez feliz. Prenderle fuego a lo que te dicen que debes aspirar a convertirte y quedarte a mirar cómo arde, liberándote, o pensando que aquello jamás volverá a ser algo más que ceniza, es, en última instancia, un acto de valentía y, sobre todo, una oportunidad de renacimiento.

La vida te prenderá fuego a muchas etapas, a muchas historias, a muchas otras cosas. A veces te dejará solo, rodeado de escombros y con una peste insoportable a que todo lo que no seas tú es pasado y está muerto. Otras veces te ayudará a acabar con aquello que te estaba convirtiendo en un iceberg, frío, engañado y con cien mil sentimientos y sueños bajo la superficie. Quizá te dé la cerilla a escondidas y te diga dónde conseguir chispa y hacer arder el mundo. Muchas veces explotarás tú mismo o explotará todo a tu alrededor, y no serás capaz de percibir el olor a gas ni de correr para salvar aquello que ya está siendo sucumbido por las llamas.

Y cuando todo esto ocurra, cuando las cenizas de aquello a lo que tanto querías ya estén volando y se te escapen, cuando veas que después de todo ese fuego no queda nada detrás, cuando hayas acabado con todo lo que se supone que debías ser y no sepas por dónde empezar a ser de nuevo, comprende que la vida no se entiende sin reconstrucción, la vida no se entiende sin la capacidad de levantarse, no se concibe sin momentos de superación.

Recuerda que en las cenizas también queda vida. Y tal vez te encuentres en ese momento épico de la película donde caminas a cámara lenta y explosiona el lugar donde te encontrabas hace unos segundos. Donde fuiste tú hacía solo un instante. Donde no te soportabas o donde no eras feliz. Donde te habían envenenado y regalado el mayor daño posible. Donde te quemaron y esparcieron tus cenizas por madera podrida. Pero todo aquello que necesitas para volver a empezar solo consta, realmente, de olvidar el fuego que te sucumbió, olvidar lo que eras antes de arder y enterrar el recuerdo de ser quemado. 

Empieza a arder, conviértete en ceniza, y resurge en algo totalmente ignífugo.

jueves, 9 de febrero de 2023

Jitanjáfora

Algún día seré yo quien elija el cuando. No buscaré a nadie para que me explique cómo se va el dolor del alma. Descubrí que soy mejor estando roto, con el gris de contra fondo, con las alas sucias y las verdades a todo esplendor. No quiero maquillar situaciones ni enamorarme de los porqués, ni de ese "pero" que siempre viene en el paquete de cada quien. Prefiero quedarme con mi paradoja, tratando de entenderme yo, porque pocas personas lo hacen y cuando lo hacen se van.

"La gente es así", no te culpes. Soy el veneno sin antídoto, la verdad que duele, la luna que no brilla, Saturno sin su anillo y donde nadie está, es mejor así, me elijo mil veces a mí, y solo ser leal a quienes te son leales. Aparte, la vida es muy jodida para estar dedicando amor a corazones que no lo conocen y, quienes lo conocen no lo valoran o lo usan a placer, creyendo a personas falsas con mil máscaras para cambiar. Al final todos somos malos, no existen héroes y los protagonistas mueren.

La universidad por anonimato universal es la vida misma, y de ella aprendes todo y te gradúas al cerrar los ojos a pesar de que muchas personas te hicieron abrirlos un montón de veces en contra de tu voluntad.

domingo, 5 de febrero de 2023

Donde las princesas no saben bailar

Quizá hay lugares a los que jamás se debería volver. Los visitaste tiempo atrás, guardas un recuerdo de cómo eran, de cómo eras tú cuando estuviste en ellos, y al regresar te das cuenta de que todo ha cambiado, que nada fue como creíste. El lugar. Tú. 

La nostalgia es una pésima compañera de viaje. Y más la nostalgia de lo que creías que era. Te distrae de lo nuevo. Te arrastra a lo conocido. Y una vez allí te susurra con malicia: "¿Te das cuenta? Nada permanece. Ni fue"