También he sabido perder, mis victorias no compensan mis derrotas, y aún así vive la esperanza en mi pecho de algún día encontrar un lugar donde descansar sin temor al dolor ni la desidia. Hablo del amor propio frente al espejo, pero es que por más que me quiera nunca encontraré en mi esa conexión de saber que pertenezco a alguien, de saber que mi sonrisa no es mía y que mi alma tiene una casa con una foto en la alacena junto a quien cuide mi corazón.
La vida se hizo para compartirse, el corazón en un momento llega a una etapa que, o está en nuestro pecho roto o está fuera de él, quizá ninguna de las anteriores sea para quienes prefieren vivir una vida solos sin que les lastimen, pero el ser humano siempre tenderá a lo difícil, lo que rompe, esa afición por la aflicción, esa desesperación por buscar la respuesta a esa pregunta en boca de todos...
¿Qué es la felicidad?, he llegado a la conclusión que hay dos tipos de felicidad, la que obtienes cuando te amas a ti mismo y la que te brinda alguien más cuando te ama con todo, esas dos mitades se unen y encuentras la paz, y estoy a medio camino de llegar a ninguna.
Luchando por amarme y lejos de encontrar a alguien que me ame como yo merezco.