jueves, 23 de octubre de 2025

El problema es que te quiero ver justo después de verte

 A veces, cariño, pienso que es tarde. Voy a serte sincero, alguien podrá quererte mejor que yo. Alguien podrá ofrecerte otra vida, más estable, más bonita, más ir a ver el atardecer a la playa y no a mirar como se inunda la ciudad. Y yo, lo más parecido que tengo a una playa es un bar con la persiana a medias y dos copas mal servidas. Soy ese tipo de persona que ama como quien se cae por las escaleras: sin estilo, sin freno y haciendo más ruido del necesario.

No voy a engañarte, si te quedas, posiblemente quieras irte alguna vez. A veces no estarás contenta, a veces no sabré hacerte sonreír. Muy posiblemente, a veces ni yo tenga ganas de mirarte ni tu de escuchar que tal mi día. Joder, si lo pienso, ¿qué razones hay para esto?

Pero me imagino sin ti y me da miedo. La idea me aterroriza. Sé que suena egoísta retener a alguien a tu lado porque sabes que sin ella la vida será un sitio más gris. Un viaje sin vistas, una vida parecida a una sala de espera: luces frías, silencio incómodo y sin salida de emergencia. Te quiero porque tú haces que sienta suerte de ser yo, lo más cercano a alcanzar la gloria, y que vive para contarlo. Y es que contigo hasta lo ridículo tiene sentido.

Y sí, te lo aseguro, que alguien podrá quererte mejor que yo, pero no más. No con tanta pasión, no hasta el fondo, ni como un incendio, que no sabe de normas ni de horarios. Y estoy seguro de ello, porque no te conozco mejor que nadie, pero siento que eres mi hogar, quiero saber de memoria tu mirada tanto que si te miro a los ojos sepa donde escondes lo que no dices. Pero he estado frente a ti lo suficiente, he contemplado tus esquinas, tus infinitos, tus días de lluvia y cuando ríes y te brilla el sol entre la boca.

Cualquiera puede desear conocer más mundo e irse, pero sin duda todos queremos regresar al lugar donde pertenecemos. Y quizá por eso volvamos siempre, porque yo soy de ti, que no tuyo. Tú eres otro país, uno de esos que crean dos locos para amarse bajo sus propias leyes.

domingo, 5 de octubre de 2025

Cómo domesticar un huracán

Admitamos en voz alta
lo que tanto tememos
y tan bien sabemos

que por más silenciosa
que sea la calma,
un tintinear tuyo
todo lo acaba.

Que por más receta,
pastilla o remedio
que mi cuerpo digiera,
como hoja al mínimo roce
cortarás toda piel que toques.

Porque tu silencio
no aplaca
ni a la más temida fiera.

Y es que, fiel compañera,
tu sombra quema
por más que mienta.

Sentirte es tan fácil
como saber
cuándo vas a volver
a llamar a mi puerta.

Mi luz cuando estoy mal,
mi tormenta cuando hay paz.

¿A qué parte le estoy mintiendo?
¿Cuán real estoy siendo?

Ya no quiero que seamos furia;
me basta con sentirnos lluvia,
un abrigo de terciopelo
en este próximo invierno.