Me pregunto que es peor, decepcionarte de la realidad o sentirte indiferente sobre si la realidad cambia o se queda igual. La vida nunca te da la espalda. Tú te das la espalda a ti mismo cuando dejas que cada puerta cerrada te detenga en seguir adelante hacia la siguiente. A veces preferimos postrarnos ante la puerta cerrada y creer que de alguna manera se abrirá, aunque eso difiera en lógica e incluso sabiendo realmente que si se abriera no traería nada bueno de dentro.
Esperamos. Elegimos esperar. Preferimos tener esperanza, y tememos que al segundo que sigamos adelante esta se abrirá. Creemos poseer lo que sabemos que no tenemos y tememos saber que no lo poseemos, y perderlo, aún sabiendo que nunca fue nuestro.
Hemos estado viviendo tanto tiempo entre pequeños hilos de esperanza que, apilados uno encima de otro, creemos haber construido un falso suelo, lleno de hilos insignificantes que un día creamos para hacernos sentir plenos. Lo de pisar sobre seguro nunca fue tan sarcástico.
Pero cuando tapiamos la puerta y empezamos a andar entre esos hilos, nos damos cuenta que, como la tela de una araña, cuando el primer hilo se rompe, todo lo demás cae con él.