miércoles, 30 de noviembre de 2022

Sucia sociedad

Es realmente precioso ser el tipo de persona que busca el amor en una cultura que está obsesionada con derribarlo. Porque ese derribo es tan aburrido, es tan cliché. Está vacío, es transparente y no tiene peso alguno. Es una sociedad que ha sido enseñada a alcanzar las cosas que más brillen, enseñada a llenar nuestras vidas con la belleza de lo bello y atrevido, de centrarnos más en conseguir, poseer y devorar más que en sentirlo fuerte y profundizar en lo que verdaderamente significa para nosotros. Se confunde lo que los ojos quieren con lo que el corazón grita, y esa es una de las cosas más peligrosas que se puede hacer a uno mismo, y a otras personas. Eso asesina el hecho de ser "humano", porque destroza nuestra realidad. Se prueba, pero no se conserva. Se toca, pero no se siente. Se habla, pero no se conecta.

Soy feliz teniendo un alma que vive en lo profundo, en el sentimiento más allá de la superficie. Trato de que no enmascaren lo que necesito, que no callen la razón por la que mi corazón golpea mi pecho. Intento no tener envidia de aquellos que se dejan llevar por la desidia o la traición como si aquello les fuera a resolver sus vidas. Esas personas, he podido confirmar, están buscando constantemente escapar de ellos mismos o distraerse, y eso les arruinará, mientras arruinan a otros. Están vacíos en muchos sentidos, buscando lo que atrae y después lo siguiente en la lista. Ellos devoran, devoran y devoran, pero nunca estarán llenos. Por mucho que hagan nunca se sentirán satisfechos, porque lo que más sacia, el verdadero festín, no existe en los labios de nadie, o en la curva de sus caderas. Existe en los aspectos más honestos de quienes realmente son contigo. Existe en la nostalgia cuando no estáis juntos, en sus muecas y en las canciones que les hacen llorar.

¿Queréis belleza de verdad? ¿La belleza real? ¿El tipo de conexión que no es fugaz, sino que prefiere sentirse por y para la eternidad? ¿El tipo de conexión que te hace reír de alegría y llorar de pasión al mismo tiempo?

Pues aprended.

De una puñetera vez.


domingo, 20 de noviembre de 2022

Sin título ni por qué

A veces, sí. Soy feliz. Normalmente cuando estoy con mis amigos, cuando elevo mis ojos al cielo, ladrando como perros, tapándome la cara mientras lloro de risa con la broma de alguno de mis imbéciles, o simplemente verlos hacer cosas totalmente ridículas. 

Pero no importa que de bien estén las cosas, el día siempre termina en noche, y los hoyuelos de mi tez junto con mi risa tonta torna en una inexplicable y adorable tristeza.

Me tumbo boca arriba pensando en todas las cosas que podría haber dicho y no dije, todas aquellas cosas que aún estoy muy asustado de admitir. Pienso en todo lo que anda o funciona mal en mi vida cuando no estoy distraído por lo que pasa a mi alrededor, lo que cuentan las calles o las caras pálidas en el metro. Pienso en los problemas familiares, en los amores que se han perdido, los amigos que siguen su vida dejando al niño detrás. Pienso en todas las bonitas y buenas cosas que pasan en mi vida y cómo su forma se deforma ante la desidia y el tiempo. Cómo lo profundo nunca me deja solo. Pienso en cómo soy tan feliz y tan triste al mismo tiempo, tímido y extrovertido, querido e ignorado. 

Son en momentos así que me cuestiono mis vivencias vencidas, mi corazón de estación y qué tan bueno es volver a sentir al día siguiente.

lunes, 14 de noviembre de 2022

La borrachera del cupido

Hay momentos en los que los cupidos caen en depresión. Algunos dicen que vagan por callejones cercanos, y que otros se emborrachan y se van al tejado, a contar las historias que pudieron haber sido escritas con sus flechas. Apoyados en las gárgolas de los edificios, miran al tumulto, señalan y ríen, juegan y apuestan en cada teja sobre la pareja más dispareja. Porque de un paño libre de ataduras todo suele ser posible al pintar.

Esas historias no se pierden, sino que quedan flotando en el aire. El viento se atraganta con estas fábulas, le producen indigestión, más luego las regurgita llenas de todo veneno y las escupe en charcos y paredes agrietadas que acaricia al pasar. Se conoce el fastidio de los vientos cada vez que los cupidos se emborrachan, por eso tratan de evitarlos, se vuelven remolinos cuando captan alguno a distancia, pero a veces son tantos los cupidos que abrazarlos es parte del paisaje.

Los charcos contienen las historias, las disfrutan, les parecen fascinantes aunque desconozcan sus orígenes, o si son reales o solo el invento de una mente perturbada. Pero no pierden oportunidad para imaginar que existen, que laten en el sangrante mundo y que el viento malhumorado les regala aquello que no podrían descubrir por si solos.

Totalmente diferente es el caso de las paredes agrietadas, que casi vencidas por la crueldad de los años y del devenir del mundo, deben soportar el peso de esos desechos adhiriéndose a sus arrugas, que tarde o temprano las llevan a caer. Polvillo y grietas contaminadas de palabras estancadas en las veredas, mezclándose entre el olvido y la sombra.

La gente que pasa, pisa tanto los charcos como lo caído de las paredes, estas se pegan a la suela del zapato y recorren la ciudad dibujando poesía con retazos de lo que no fue. Dichosos los que pueden leer estas letras dispersas, que prácticamente son como laberintos de lo incierto convertidos en libros para degustarse en la eternidad.

Hay cupidos que en sus ratos libres suelen detenerse en alguna nube y admirar esas historias escritas por vaya saber que dotado de tan sabia caligrafía. Hay cupidos que están cansados de seguir los protocolos y cumplir a rajatabla con la letra pequeña de sus misiones para que el orden del mundo siga su "cauce natural", aún cuando las "victimas" pareciera que se encaminan solitas a su propia felicidad.

Hay cupidos que a veces piensan en dejarlo todo, renunciar al cargo y aventurarse en esas leyendas que hablan de poetas rebeldes que guían destinos desde la clandestinidad. Los que lo han intentado jamás han vuelto para confirmarlo, porque una vez arrancadas las alas y devuelto el carcaj, el arco y las flechas malditas, se camuflan en el tumulto y se vuelven invisibles para el mundano mundo. Algunos creen que son los escultores de las historias bonitas que se leen desde los tejados, otros, que son los responsables de la resistencia que oponen ciertas personas a sus disparos o de aquello inesperado que nadie puede explicar y se tacha de "milagro".

Y eso los deprime y se emborrachan frente a lo desconocido, el fastidio de la rutina, de no poder pintar su propio cuadro o por lo menos salirse de vez en cuando del camino y dejar actuar al maldito instinto.

Por eso suelen deprimirse... y cuando un cupido se deprime, todos saben cómo va a terminar.


domingo, 13 de noviembre de 2022

La clave

La clave del éxito está en saber que, si el mundo es redondo, puedes permitirte de vez en cuando pensar que estaba loco el que lo dijo, y que ser cuadrado le sienta de locos. Consiste en comprobar que unos ojos café americano pueden volarte la cabeza desde cualquier patio de Chamberí, que la cerveza sin alcohol contigo puede darle el sabor que la vida se merece un domingo de bajón a punto de caer la noche. La clave del éxito es insistir en la lealtad, en los objetivos, y no en las personas (que no quieren). Está en filtrar, en ser todo lo selectivo que se considere necesario de vez en cuando, en sentarte una tarde cualquiera mirando al atardecer y sentirte pleno. Consiste en correrte una tercera juerga mundial, levantarte y cumplir con esa persona intocable, en reconocer que estuviste enamorado como un gilipollas de una gilipollas que todavía no sabe que también lo está. La clave del éxito está en confiar en alguien después de todo. En la calma después de la tormenta, en leerte ese libro que jamás pensaste, en escuchar esa canción una y otra vez desde el lavarse los dientes de la mañana a la última copa de vino de la noche, ese vino y no se va. En perder la perspectiva cuando tu corazón te pide que lo apuestes todo a lo abstracto. La clave está en ser tú, siempre, muy tú, siempre.

Y recuerda, las cosas pasan de repente, y de repente pasan las cosas.