miércoles, 10 de diciembre de 2025

Cigarro póstumo

Qué cabrón el tiempo, que ni avisa ni negocia, que llega y te arranca de la barra siendo una bebida sin terminar. Qué injusto este silencio que viene ahora a hacer de orfebre con tus canciones, qué injusto este vacío que llega a nuestro pecho a destiempo, como si no supiera que contigo aprendimos a hacer poesía del desastre, a reírnos del destino, a masticar la vida sin azúcar hasta que supiera.

Fuiste guitarra oxidada sonando en cuartos sin futuro, fuiste poesía de acera, sudor, carretera y despedida, fuiste la manta con la que muchos tapamos heridas cuando no sabíamos que escribir también era sangrar.

Parte de mi adolescencia se hizo verso contigo, a tu verdad cruda, a tu manera de gritar sin gritar, de maldecir al mundo con la ternura adentro. Fuiste ese dulce veneno que convertía cuartos mugrientos en catedrales de humo y guitarras, y nos enseñaste que la dulzura podía ser feroz, que una dulce introducción al caos era mejor que la mentira ordenada de quienes nunca se atreven a ser reales.

Fuiste chispa en noches de verano y café solo en días de lluvia. La inspiración para escribir sin filtros, sin miedo, sin vergüenza, como quien escupe rabia y ternura al mismo tiempo. Me enseñaste que estar jodidos también es estar vivos.

Parte de mi adolescencia tiene tu nombre tatuado, y parte de mi amor por escribir nace de tu irreverencia. Ya que me enseñaste que la poesía también puede mancharse, que las verdades se dicen a cuchilladas y que cada palabra merece sangre y sudor.

Y ahora este bar, este jodido bar de todos, levanta la persiana sin ti. Pero brindamos por ti, no porque te hayas ido, sino porque te quedas donde importa: en las gargantas rotas que cantan tus versos y en los corazones que se rompen con dignidad.

Y quién sabe, quizás en algún lugar estés riéndote de nosotros, de este drama tan humano, de esta ternura disfrazada de whisky a deshora.

Ojalá, Robe, que estés donde no duela, donde la música no se calle y donde haya barra, guitarra y noche eterna.

jueves, 23 de octubre de 2025

El problema es que te quiero ver justo después de verte

 A veces, cariño, pienso que es tarde. Voy a serte sincero, alguien podrá quererte mejor que yo. Alguien podrá ofrecerte otra vida, más estable, más bonita, más ir a ver el atardecer a la playa y no a mirar como se inunda la ciudad. Y yo, lo más parecido que tengo a una playa es un bar con la persiana a medias y dos copas mal servidas. Soy ese tipo de persona que ama como quien se cae por las escaleras: sin estilo, sin freno y haciendo más ruido del necesario.

No voy a engañarte, si te quedas, posiblemente quieras irte alguna vez. A veces no estarás contenta, a veces no sabré hacerte sonreír. Muy posiblemente, a veces ni yo tenga ganas de mirarte ni tu de escuchar que tal mi día. Joder, si lo pienso, ¿qué razones hay para esto?

Pero me imagino sin ti y me da miedo. La idea me aterroriza. Sé que suena egoísta retener a alguien a tu lado porque sabes que sin ella la vida será un sitio más gris. Un viaje sin vistas, una vida parecida a una sala de espera: luces frías, silencio incómodo y sin salida de emergencia. Te quiero porque tú haces que sienta suerte de ser yo, lo más cercano a alcanzar la gloria, y que vive para contarlo. Y es que contigo hasta lo ridículo tiene sentido.

Y sí, te lo aseguro, que alguien podrá quererte mejor que yo, pero no más. No con tanta pasión, no hasta el fondo, ni como un incendio, que no sabe de normas ni de horarios. Y estoy seguro de ello, porque no te conozco mejor que nadie, pero siento que eres mi hogar, quiero saber de memoria tu mirada tanto que si te miro a los ojos sepa donde escondes lo que no dices. Pero he estado frente a ti lo suficiente, he contemplado tus esquinas, tus infinitos, tus días de lluvia y cuando ríes y te brilla el sol entre la boca.

Cualquiera puede desear conocer más mundo e irse, pero sin duda todos queremos regresar al lugar donde pertenecemos. Y quizá por eso volvamos siempre, porque yo soy de ti, que no tuyo. Tú eres otro país, uno de esos que crean dos locos para amarse bajo sus propias leyes.

domingo, 5 de octubre de 2025

Cómo domesticar un huracán

Admitamos en voz alta
lo que tanto tememos
y tan bien sabemos

que por más silenciosa
que sea la calma,
un tintinear tuyo
todo lo acaba.

Que por más receta,
pastilla o remedio
que mi cuerpo digiera,
como hoja al mínimo roce
cortarás toda piel que toques.

Porque tu silencio
no aplaca
ni a la más temida fiera.

Y es que, fiel compañera,
tu sombra quema
por más que mienta.

Sentirte es tan fácil
como saber
cuándo vas a volver
a llamar a mi puerta.

Mi luz cuando estoy mal,
mi tormenta cuando hay paz.

¿A qué parte le estoy mintiendo?
¿Cuán real estoy siendo?

Ya no quiero que seamos furia;
me basta con sentirnos lluvia,
un abrigo de terciopelo
en este próximo invierno.

jueves, 11 de septiembre de 2025

Entre el Aqueronte y el dolor

Despertaste envuelto en un manto de pétalos negros. Caían sobre tu piel como restos de un duelo sin fin. Los apartaste con un gesto brusco y te levantaste, con la sensación de que cada movimiento arrastraba consigo un presagio. Tras la ventana, figuras encorvadas devoraban en silencio sobre las mesas de comida, sombras hambrientas incapaces de alzar la vista. No era tan tarde; lo sabías. Habías aceptado hablar con Paimón, y habías jurado soportar cualquier castigo que te impusiera.

Cruzaste la ciénaga, lenta y viscosa, hasta llegar a la catedral. El portón, apenas entreabierto, dejaba escapar la voz grave de Abalám, que resonaba como trueno en el Pandemónium:

—Ese insolente debe ser sometido. No podemos tolerar que desafíe a su antojo el orden de las cenizas.

Empujaste la puerta. El crujido del suelo anunció tu llegada, y todos los ojos negros se volvieron hacia ti. Arioc y Azlat te interceptaron con urgencia.

—¿Dónde estabas? ¿En qué demonios pensabas? —clamaron.

—Cruzaba el Aqueronte —respondiste, con la presión del silencio pesando sobre tus palabras.

—Te buscamos por todas partes —mintió Behemont.

—Dahaka sabía dónde estaba —replicaste, mirando fijo a sus pupilas turbias.

Los cuernos se volvieron hacia él, célebre por su astucia. Dahaka se defendió:

—Te busqué con Caronte en todo el río. No hubo rastro.

—Estaba en la orilla, junto a los árboles negros —dijiste, harto de justificaciones, encendido por la rabia de aquella jerarquía ciega.

Asmodeus lo percibió. Te aferró de los cuernos y rugió con fiereza:

—¿Qué hacemos con él? Ningún ser ha osado lo que tú: cruzar dos veces el Aqueronte, volver de la vida y regresar con un corazón.

Azazel, condescendiente, habló con voz templada:

—Y sin embargo, ese corazón no es más que un corazón roto.

Asmodeus replicó, con furia creciente:

—¡Con más razón!  Nadie se ha atrevido a desafiar las leyes de las cenizas y doblegar a la muerte.

Entonces Paimón, con la severidad de un juez inmutable, sentenció:

—Colgadlo ante las puertas de Hinnom, que todos sepan que por mucho que alguien quiera un corazón, por mucho que intenten tener lo que su miserable existencia le niega, si no lo impedimos nosotros, otros en la vida lo harán. Recordad que no hacen falta cuernos para ser un demonio.

El consejo se disolvió. Los demonios marcharon hacia el festín de media tarde, celebrando tu destino con carcajadas.

—Camina —ordenó Astaroth, apresándote del brazo.

Lo apartaste con violencia. Entre el bullicio, tu voz se quebró en un susurro:

—Solo quería sentir de nuevo ese dolor.

Y así te colgaron en lo alto de las puertas del Inframundo. Cadenas atravesaban tu carne; un hueco abierto en el costado derecho proclamaba la ausencia del corazón que te habían arrebatado. Antorchas ardían en tus cuernos, iluminando el cartel sobre tu cabeza:

"Quien ose reclamar un corazón, entero o destrozado, sufrirá la misma sentencia."

Pero esa noche, bajo la lluvia ácida, alguien borró las palabras y, con sangre negra, escribió:

"Aquel que ansiaba un corazón retornará para reclamar estas tierras, pues no hay mayor dolor que morir con un corazón roto. Aquí reposa Satanás."

jueves, 14 de agosto de 2025

El niño sin presente

Estoy que

escribo, trabajo, pienso, leo

el noventa por ciento del tiempo cuelgo

creyendo que puedo hacer todo lo que quiero.


Que mis manos se multiplican a la par que mis anhelos

como si pudiesen tocarse a través de mis ideas

y plasmarse simultáneamente cual acorde complejo.


Es gracioso como paso más tiempo ideando lo que quiero

que haciendo lo que pienso.

Pero no solo eso, sino que cada vez que lo siento

lo hago con el ansia de un niño inquieto


al que le vibran las palmas ya percibiendo

de antemano, como prediciendo 

que será mañana. No hoy, no ahora.


Porque el presente nunca es tan divertido como lo vemos en la lejanía.

Pero que si mañana, la próxima semana

o tal vez hasta la noche temprana


llegara el tiempo, en el que entre risas y destellos

recibiera ese momento que con tanto ahínco pensó 

y que en su cabeza tantas vueltas dió.


Enmarañándose entre hilo de historias que nunca vieron el sol

Aunque en su mente mil vidas vivió.


Pero niño, te cuento un secreto.

Entre menos lo pienses, más florece.

Así que deja de sentir con la mente

y vuélvete más consciente de tu presente.

miércoles, 18 de junio de 2025

Sintigo

Esta noche pensaré en tu sabor

pero antes de dormir bailaré con el dolor

¿Qué estado tiene el amor?

¿Sólido que quema como el sol, o líquido que gotea como el licor?

¿Cuánto llena de un cuerpo sin molde, estructura o borde el acorde a tanto ardor?

¿Qué estado forma el amor cuándo en sintonía no estoy?

¿Me atrevería a proclamarme autor de algo tan puro cómo el corazón?

¿Será que Bach componía teniéndolo en su bolsillo?

¿O que Picasso recuadraba pinceladas con su color?

Quizás simplemente por hoy seremos sinfonías distintas los dos

Pero antes de dormir 

Una tierna voz me deriva

Que lo que es para ti nunca vuelve

Porque nunca se va.

lunes, 19 de mayo de 2025

La flaca

Qué frenética manía tiene esa flaca de mirar siempre al frente, busca encontrar respuesta de preguntas que aún no fueron hechas, pero que sabe que son tan irrefrenables como ella.

La flaca siempre siente mucho y es muy loco porque casi siempre dice poco

piensa que con su misterio enamora y que puede esconder todo lo que la toca

pero ambos sabemos que se equivoca porque por más que quiera la flaca con sus ojos implora

que llegue la persona que sus silencios lea y que de una vez por todas alguien entienda

que lo que verdaderamente importa no es lo que muestra cuando habla sino los sentimientos que la desbordan con todo lo que calla.