martes, 18 de abril de 2023

Mentiras ciertas

Cuando el interés es mutuo, nadie pierde el tiempo en querer disimularlo.
A quien te quiere, se le nota. Se le sale de las manos, se le ve en la mirada. Tiene un gesto. Un acto. Un algo que se le impone y necesita demostrarlo.
No hay distancia. Vacaciones. Complicaciones. Falta de tiempo. Cansancio. Ni mañana.

Con el desinterés pasa lo mismo. Cuando a alguien no le importas, se le nota. No hay desengaño, no hay desilusión, no hay futuro frustrado. Hay señales que uno se traga porque no quiere ver. Y ver, a veces, atenta contra la esperanza.

Cuando lo único que se tiene es esa carta, no cualquiera la apuesta. Apostar lleva, de la mano, la renuncia a una espera desvelada como inútil. No es fácil irse queriendo. Y no es fácil asumirse no querido.

Entonces, uno cree lo que no existe.
¿Inventa? No, se lo cree.
Dicen que no existe nadie más vulnerable a creerse algo falso que aquel que necesita que esa mentira sea cierta.