Me asustan las personas que dicen ser para siempre. Que prometen quedarse, sin haber llegado del todo. Me asustan los te echo de menos a deshonra, los te quiero sin sentido y los besos con los ojos abiertos. Me asustan los abrazos que se dan sin apretar fuerte, los mensajes de madrugada y las miradas que evitan cruzarse. Me asustan las mentiras, las medias verdades y las medias tintas. Me asustaba que me pidieras un tiempo, que mientras lo decías te reías y no entendías que el tiempo es relativo. Me asustaba echarte de menos si no eras mía... ni tuya. Me asustaba cuando no sabía que habías llegado bien a casa y al día siguiente me decías que no me preocupase. Pero lo hacía, y ahora que no estás, que te fuiste un jueves, y que ahora estoy un poco más triste, pero también mas real que nunca, no sigo haciéndolo.
Aunque tú no lo sepas me asustaba que la cerradura de mentiras que tenías mis llaves nunca pudieron abrirla. Me asustaba no saber abrazarte, como abrazabas tú a tu pasado. Pero lo que más me asustaba es que en tu futuro, nos cruzaremos en un paso de cebra, cada uno con nuestras vidas y seguiremos adelante y no miraremos atrás. No miraremos a lo que podría haber sido.
Y no fue.