martes, 5 de junio de 2018

5

¿Qué hacer cuando sólo te quedan 5 minutos para marcharte?

5 minutos para cerrar una etapa, archivar un tiempo de tu vida en un cajón, guardando con cariño a las personas que has conocido y los momentos que has vivido.

5 minutos para despedirte de cada rincón de la ciudad que has pateado durante meses. Chocándole los 5 a todo aquel recuerdo que se ha acomodado en una parte de ti.

5 minutos para disfrutar y sentirte afortunado, deseando poder pactar con cualquier diablo todo trato lujurioso que consiga darte 5 minutos más de cualquier respiro.

Porque 5 minutos más, es más que nada, y nada más que eso, da para mucho.

5 es un aprobado, 5 es lo neutro, 5 minutos más que deseamos cuando suena el despertador, 5 minutos más y todo lo que está por llegar estará llamando a tu puerta.

Seis es mucho tiempo y con cuatro las nubes corren.

5 Alfa y Omega

Trescientos segundos de respiraciones, lluvia, sol, tacto y caladas de vida que tenemos de más.

Trescientos mil milisegundos llenos de sinrazón, ruidos de coches, gritos al viento y sentimiento de lamento.

Nunca digáis que no a 5 minutos más. En 5 minutos se pueden decir muchos "espera", muchos "si quiero", muchos "lo siento"; muchos "te quiero".

Podrían cambiaros la vida.

Se me han acabado mis 5 minutos.



lunes, 4 de junio de 2018

Never do anything rong




Siempre me ha interesado y aterrado la idea de que formamos parte de una cadena. Para todo.

Nuestras decisiones y quienes somos influyen de manera directa e indirecta a todas las personas que te han conocido. Da un miedo que te cagas.

Por eso dicen que somos dueños de nuestro destino. Porque de una manera u otra, lo vamos cambiando poco a poco.

Hay infinitas formas de que mañana sea mañana. Es decir, infinitas posibilidades de cómo el día de mañana puede ser. Y cómo las personas van cambiando a medida que recorren su carretera, tomando salidas y jugando con lo intermitente.

Nunca seremos como fuimos, y nunca vamos a volver a ser lo que somos. Porque cada decisión, cada si y no, cada silencio o cada salida “sin salida” que cojas de tu carretera, va a cambiar todo, y a todos.

Yo lo veo tan bonito. Nunca seremos la persona que conoció a otra. Nunca seremos la persona que se enamoró de otra. Nunca seremos la persona que traicionó a otra.

Nunca seré la persona que escriba esto. Y no sé que va a venir después.

No sé que decisiones tomarán otros que harán cambiarme.
Y sobretodo no sé que decisión tomaré que me haga ser otra persona.

Sacudiendo mi mundo y cambiando mis luces a intermitentes.


sábado, 2 de junio de 2018

Erring on the side of love


Sábado nublado, dolor de muelas, corazón en mano, agua en las venas.


Siempre intentar dar lo mejor de uno cuando lo mejor puede ser lo menos indicado. Porque, ¿quién decide qué está bien y qué está mal?

Si tomas una decisión y alguien sale dolido toda la buena decisión que has tomado pasa a convertirse simplemente en eso, decisión.

Siempre solía pensar que hay que hacer más caso a la mente que a los sentimientos. Quién coño haría caso a algo inerte y abstracto que te hace sentir como un chute de LSD en cuestión de segundos.
Algo que no controlas, que te controla. Que hace que un día nublado te queme la piel si esa persona está a tu lado. Algo de lo que no puedes escapar, y la mente es el único puñado de cordura que queda en ti.

Porque los sentimientos son cómo una granada sin seguro, cómo un coche sin frenos, cómo un paracaídas sin el “para”.

Pues para qué los queremos, diréis. Los tiramos a la basura o los encerramos bajo llave y listo. Nos guiaremos por lo técnico, lo previsto, lo cualificado y lo estructuradamente ordenado.
En cada rincón donde he intentado guardar los míos o de cada manera que los he intentado destruir, se han vuelto contra mí y han vuelto a mi bolsillo.





Y con el tiempo me di cuenta de que son parte de ti, una parte tan inmensa que es imposible vivir sin ella, y se convierte en la droga que nunca hemos podido chutarnos, porque nació junto a nosotros.

Y finalmente mi tortilla interior da la vuelta. Pensaba que los sentimientos eran nuestros asesinos, y era la mente quién los podía encarcelar. Pero no.

Es la mente quien intenta a toda costa asesinar a los sentimientos. Es la culpable de que no tomes la decisión que sientes y que te hará feliz por temor. Y si, con la mente se crea el miedo.

Es la culpable decía de que dos personas no puedan ser felices juntas por el temor al rechazo, al fracaso o al qué dirán.

Es la que hace que estés tomando un camino en tu vida el cual no disfrutas y te está destrozando los pies. Para qué ir en tacones cuando puedes ir descalza y feliz.

Usemos la mente para recordar y los sentimientos para vivir.

Recordar aquello que nos hizo feliz, las personas que dejamos atrás, inmortalizar momentos y sentimientos que vivas en el presente.
Y abrirnos enteramente a los sentimientos, que todo el mundo se rija por lo que siente y todos encontraremos nuestro hueco en este pequeño mundo, y nuestro lugar en nuestro enorme universo.


Sábado soleado, dolor de sonreír, corazón convulsionando, ganas de vivir.