miércoles, 21 de febrero de 2024

On the nature of daylight

Y mientras tanto, las flores seguirán floreciendo. La luna brillará y el sol se pondrá. Los bebés reirán por nada y en algún lugar, contra todo pronóstico, dos personas terminarán enamoradas.

Extraños comparten cigarros y bromas, la luz surfea por la orilla del mar. La suerte ocurre en calles desdichadas y nosotros nos abrazamos rápidamente ante la entropía, el fuego y la inundación.

Supongo que la vida está compuesta por pequeños extractos de tiempo. Historias que escribimos, personas que amamos, dificultades a las que sobrevivimos. La complejidad diversa que conforman ese todo tatuado a lo largo de nuestra piel.

Un alma es un libro andante. A veces nos dejan leer sus páginas, otras permanecen en un silencio eterno. Párrafos que siempre supimos y fragmentos que nunca llegaremos a conocer.

La vida se inclina hacia el vivir. Y aún así, la muerte reclama todo al final. Hay momentos preciosos entre esas dos fases. Donde todo sigue siendo brillante. Y amamos, de nuevo, este mundo.

domingo, 18 de febrero de 2024

Colores

Un profesor que tuve siempre empezaba la clase preguntando, "¿cómo os sentís hoy, del uno al diez? Diez siempre significaba "estoy de puta madre, gracias". Y uno era "Hoy no, profesor, hoy mejor no". Pero nunca me han gustado los números, siempre son enrevesados y rebeldes ante la mente y el corazón. Por eso siempre he elegido hablar en colores.

Uno de Enero, soy el color de un helado de menta con pepitas de chocolate, estoy tranquilo.

Siete de Febrero, soy un moratón entre azul oscuro y morado en mi piel. Creo que mejor será que me siente cerca de la ventana, estos son colores tristes.

Once de Abril. Soy cian, soy magenta, soy cada color del arcoíris.

Diez de Mayo. Soy gris, soy silencio.

Tres de Junio. Soy naranja, soy un atardecer acostándose en la orilla del Morche.

Veinte de Agosto. Soy amarillo, como el Sol que escondía mi padre bajando las persianas en una tarde de verano. Soy libre.

Diecisiete de Octubre. Soy rojo, rabia y sangre de vino tinto en el corazón.

Veinte años después, sigo usando colores. El invierno me hace sentir como verde aguamarina, el océano como un azul profundo. Violeta y púrpura encogen mi pecho y escarlata despierta mi ira. Algunas noches me ahogo entre ocre y ámbar pero otras noches medito a través de verdes olivas y celestes.

Pero tú,

tú me dejas como un blanco pálido seguido de un duro periodo de negro ébano.