Hoy me han dado unos cuantos ataques al corazón.
Me suele pasar bastante, no voy a negarlo. Pero dudo mucho que la mayoría de estos ataques sean naturales.
A veces las causa mi cuerpo, no voy a negar que, aunque lo intente, no tengo el control de todo lo que rodea a mi "súper-yo". Pero otras veces, otras veces son ataques en forma de recuerdos, sentimientos negados o simples mensajes instantáneos.
Una relación de amor-odio con mi corazón hace que lo guarde al fondo de un baúl pero lo deje mínimamente abierto para que lo poco que tengo de luz le ayude a buscar la llave.
Es curioso cuantas veces me he apretado mi pecho deseando sentir esa vibración que sin sentido da sentido a tu vida. Ilógico e innatural. Somos algo más que una granada sin seguro que bombea.
Pero no logro entender cómo somos capaces de entregar la llave de ese baúl a alguien, o sincerar ese código de cuatro números los cuales abren las puertas a una patata gigante que puede ser pelada, cortada, e incluso cocida, dejando que los sentimientos se disuelvan con el vapor.
Obviamente no quiero saber nada de la llave que abre mi baúl. Algo tan valioso no debería estar en manos de algo tan peligroso.
Y han ensuciado mi llave más de la cuenta, intentando abrir otros baúles, incluso deseando que la cerradura de otros baúles encajara con mi diente de llave. Pero soy una muela difícil de roer.
No entienden que cada uno tenemos una llave, y que aunque busquen en otros, sólo podrá abrir algo mío, que debajo de telarañas, polvo y ruido.
Hay algo que reluce. Y nunca será oro.




















