Me asusta el hecho de que alguien llegue a conocerme bien o incluso que tenga la intención de ello, me enerva que terminen mis frases, me lean la mente o sepan siempre lo que, en el fondo, quiero decir sin decirlo. Amo lo que las bocas callan pero los ojos gritan con miradas dulcemente afiladas, pero aún así los evito. Reniego de los traspiés y las noches de lucha contra el techo. Odio los reproches de mi almohada y los remordimientos del ayer.
Por eso me guardo para mi, lo mejor y lo peor de mi mismo.
Para que sólo sea yo la persona que pueda disfrutarlo o... aguantarlo.

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