domingo, 17 de febrero de 2019

Undone beds

Aquí estoy. A medio vestir y a medio sentir. Dicen que las mejores historias suceden bajo las sábanas. Y no les falta razón, pero más curioso es el silencio afónico del después.

Me duele el cuerpo. Qué maravilla de dolor. Demasiado humo tengo en mi cabeza como para fumar, prefiero dejárselo a la Lucky Strike que está tumbada a mi lado.

Exhausto, intento tocar el cielo -donde ella me ha llevado- pero al fin y al cabo sólo encuentro su humo. Sintiéndola toda la noche y ahora ella expulsa todos estos años de "quizás" por su boca. Mucho humo he pasivamente tragado, pero nunca he podido fumar su piel. El cielo y el infierno en una misma cama.

Quizás debería fumar algo algún día... sólo para ver cómo es, pero creo que sería tiempo esfumado. Tiempo, que puedo ganar enredando mis manos de póker entre su pelo, viendo cómo con una sonrisa de escalera de color traga y expulsa mi humo, una y otra vez, esperando a que en algún momento, sólo uno, se lo lleve hasta el fondo de su ser. Y nunca salir.

Hablando de salir. No quiero salir de esta cama sin salida, donde ya solo queda humo.

Humo blanco, humo negro, humo nuestro.


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