Todos nacemos con un padre el cual pidió matrimonio a una madre porque todo el mundo le dijo que eso era lo correcto, y una madre que solo dijo que sí porque pensó que él era lo mejor que podría tener. Y tú naces y creces escuchando que el amor es como una religión porque las personas creen en él tanto como en ella. Pero tú, aún así, no sabes qué es el amor aunque se te inculca que en general debe ser como el amor a Dios, porque te dicen que es poderoso y arrasador, capaz de dividir el océano en dos.
Empiezas a ver a personas enamorarse como quien se enamora de falsos ídolos, después ese amor se desmorona como papel mojado y ves cómo el fondo de sus corazones se oscurece. Entonces te dices a ti mismo "yo nunca estaré tan cegado, nunca seré tan estúpido, yo esperaré a las verdaderas señales".
De esta forma, un día tu recurres al Mar. Porque cuando la gente necesita a Dios acuden a un sacerdote, y cuando la gente necesita mantener su mente estable acuden a un psicólogo. Así pues tu le pides al Mar que te entregue el amor verdadero. "Ten cuidado con lo que deseas", te dice ella, ya que, como si de un abogado se tratase, no quiere terminar demandada. Pero tú, consciente de toda letra pequeña crees que conoces los riesgos, y después de firmar el papel de consentimiento se lo pides oficialmente. "Encuentra a la persona a la que puedo amar verdaderamente y con la que puedo ser feliz el resto de mi vida". El mar, antes de perderse en su marea, te dice "el resto de tu vida es mucho tiempo".
Esperas unos diecisiete días y al abrir la ventana a la costa encuentras un paquete envuelto en periódico traído por un cuervo. "El correo hubiera sido más conveniente que un pájaro", le dices al Mar. Mientras rompes el envoltorio entiendes y esperas que dentro debe estar la foto de tu futura esposa, o algo parecido. Después de estar un rato destrozando el embalaje lo único que se escucha a lo lejos son las olas rompiendo en la orilla. Incrédulo miras dentro.
"Debe ser algún tipo de error", dices mirando un viejo espejo reflejando tu rostro. Pero la mar no comete errores, y como te dijo que el resto de tu vida es mucho tiempo, entiendes que has pedido un amor tan complicado que incluso la magia del propio Mar no lo ha podido conseguir. Pero esta puede leer corazones tanto como sismógrafos terremotos, y señalando al espejo te dice "esta persona te querrá mejor y por más tiempo que cualquier otra, y quererla te hará más fuerte, más feliz y mejor". Junto con su voz, una brisa entre sal y vainilla mezclada con una brutal honestidad termina diciendo "nadie te querrá como esta persona".
Entonces, miras tu reflejo. Tu nariz medio torcida, tus dientes no tan blancos por las toneladas de café de las mañanas, tu pelo despeinado y tus ojos apagados. "Recuerda, no se aceptan devoluciones", te dice mientras te deja su dirección de contacto y se desprende en la costa. En silencio, te llevas el espejo dentro y te quedas mirándolo, perplejo, toda la noche.
La mañana siguiente apareces con los pies empapados en la costa, la arena hasta los tobillos, y una leve sonrisa aparece cuando el primer rayo de sol se eleva desde el este. "Esto es lo que significa amor", se escucha susurrante.
Después de un tiempo, dejas que un cuervo se marche con una carta que acabas de escribir al Mar, que dice, "¿Qué haces esta noche? Yo voy a salir a invitarme a cenar".
Y te sientes invencible.
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