Estoy que
escribo, trabajo, pienso, leo
el noventa por ciento del tiempo cuelgo
creyendo que puedo hacer todo lo que quiero.
Que mis manos se multiplican a la par que mis anhelos
como si pudiesen tocarse a través de mis ideas
y plasmarse simultáneamente cual acorde complejo.
Es gracioso como paso más tiempo ideando lo que quiero
que haciendo lo que pienso.
Pero no solo eso, sino que cada vez que lo siento
lo hago con el ansia de un niño inquieto
al que le vibran las palmas ya percibiendo
de antemano, como prediciendo
que será mañana. No hoy, no ahora.
Porque el presente nunca es tan divertido como lo vemos en la lejanía.
Pero que si mañana, la próxima semana
o tal vez hasta la noche temprana
llegara el tiempo, en el que entre risas y destellos
recibiera ese momento que con tanto ahínco pensó
y que en su cabeza tantas vueltas dió.
Enmarañándose entre hilo de historias que nunca vieron el sol
Aunque en su mente mil vidas vivió.
Pero niño, te cuento un secreto.
Entre menos lo pienses, más florece.
Así que deja de sentir con la mente
y vuélvete más consciente de tu presente.
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