domingo, 11 de enero de 2015

CAMBIO Y CORTO

Por fin lo he comprobado y confirmado. Si te portas bien con la sociedad, con las personas, estas se aprovechan de ti. Si decides mostrarles al menos, una parte, de como eres realmente, la utilizan para chantajearte o hundirte. Es así. El ser humano no es ni bueno ni malo por naturaleza. El ser humano es tal y como lo crea la sociedad. Y en este caso la sociedad ha sido una mala madre. Muy mala.

Algunos casos perdidos, como me gusta a mi llamarlos, nos salvamos y decidimos desobedecer a nuestra madre, la sociedad, porque no es así como queremos ser. Decidimos apartarnos y ser diferentes, mejores en este caso. Y, desgraciadamente, al ser diferentes, los hijos de nuestra madre cuarentona y drogadicta nos tachan de raros, y se atrincheran juntos para lanzar un ataque mortal.

Muchos de los que hemos decidido no hacer caso a la sociedad, terminan del otro lado. Los otros hijos, la mayoría, nuestros hermanos, son demasiados, y muchos de los pocos que quedamos deciden unirse al mejor postor, y no apostar por quien verdaderamente quieren ser.

Yo, que soy lo más diferente que puede haber, estoy en el bando de los sublevados, de los revolucionarios, de los que se preguntan el por qué la sociedad es tan pésima. Apuesto por lo que soy, pero juego solo. Por eso siempre gano. Pero al fin y al cabo soy de los raros, de los diferentes, de como queráis llamarlo, y sufro las consecuencias que estos sufren. Casi nadie sabe como soy realmente, soy demasiado reservado. Y no se me atribuyó al nacer. Se me atribuyó en el momento que adquirí la mínima decencia de darme cuenta en el mundo en el que vivo. 

¿Voy en serio a revelar como soy en realidad a estas personas? ¿De qué me sirve? Si lo hiciese con la mayoría, como ya he dicho lo usarían en mi contra y me controlarían. Si lo hiciese a la minoría a la que dignamente pertenezco tendrían una gran responsabilidad y finalmente sucumbirían al desacato y postrarían su cabeza ante corazones como los de la mayoría, vacíos. Pero, ¿y qué hago yo hablando del corazón? Yo no tengo de eso. Bueno, recuerdo que hace ya mucho lo tenía, al fin y al cabo todos tenemos uno. Pero la sociedad me instruyó y aprendí de ella. Por eso digo que no tengo corazón.

Es una pena tener corazón para vivir en una sociedad como esta. Toda se destina a acabar con los corazones de las personas puras. A mi no me lo destruyeron, porque como sabéis de antes, pertenezco a la pequeña minoría, nunca me han controlado, pero decidí suprimírmelo para así alejar de mí, por igual, problemas y, al fin y al cabo, sentimientos.

Los sentimientos no están hechos para los tiempos en los que vivimos. Por eso, he preferido enterrar los míos antes de que alguien los invada y los destruya. 

Sí, son demasiado valiosos y por eso decido quitármelos. No quiero tener nada valioso para que la sociedad, las personas, me lo puedan arrebatar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario