Sábado nublado, dolor de muelas,
corazón en mano, agua en las venas.
Siempre intentar dar lo mejor de uno
cuando lo mejor puede ser lo menos indicado. Porque, ¿quién decide
qué está bien y qué está mal?
Si tomas una decisión y alguien
sale dolido toda la buena decisión que has tomado pasa a convertirse
simplemente en eso, decisión.
Siempre solía pensar que hay que hacer
más caso a la mente que a los sentimientos. Quién coño haría caso
a algo inerte y abstracto que te hace sentir como un chute de LSD en
cuestión de segundos.
Algo que no controlas, que te controla. Que
hace que un día nublado te queme la piel si esa persona está a tu
lado. Algo de lo que no puedes escapar, y la mente es el único
puñado de cordura que queda en ti.
Porque los sentimientos son cómo una
granada sin seguro, cómo un coche sin frenos, cómo un paracaídas
sin el “para”.
Pues para qué los queremos, diréis.
Los tiramos a la basura o los encerramos bajo llave y listo. Nos
guiaremos por lo técnico, lo previsto, lo cualificado y lo
estructuradamente ordenado.
En cada rincón donde he intentado
guardar los míos o de cada manera que los he intentado destruir, se
han vuelto contra mí y han vuelto a mi bolsillo.
Y con el tiempo me di cuenta de que son
parte de ti, una parte tan inmensa que es imposible vivir sin ella, y
se convierte en la droga que nunca hemos podido chutarnos, porque
nació junto a nosotros.
Y finalmente mi tortilla interior da la
vuelta. Pensaba que los sentimientos eran nuestros asesinos, y era la
mente quién los podía encarcelar. Pero no.
Es la mente quien intenta a toda costa
asesinar a los sentimientos. Es la culpable de que no tomes la
decisión que sientes y que te hará feliz por temor. Y si, con la
mente se crea el miedo.
Es la culpable decía de que dos
personas no puedan ser felices juntas por el temor al rechazo, al
fracaso o al qué dirán.
Es la que hace que estés tomando un
camino en tu vida el cual no disfrutas y te está destrozando los
pies. Para qué ir en tacones cuando puedes ir descalza y feliz.
Usemos la mente para recordar y los
sentimientos para vivir.
Recordar aquello que nos hizo feliz,
las personas que dejamos atrás, inmortalizar momentos y sentimientos
que vivas en el presente.
Y abrirnos enteramente a los
sentimientos, que todo el mundo se rija por lo que siente y todos
encontraremos nuestro hueco en este pequeño mundo, y nuestro lugar
en nuestro enorme universo.
Sábado soleado, dolor de sonreír,
corazón convulsionando, ganas de vivir.

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