sábado, 2 de junio de 2018

Erring on the side of love


Sábado nublado, dolor de muelas, corazón en mano, agua en las venas.


Siempre intentar dar lo mejor de uno cuando lo mejor puede ser lo menos indicado. Porque, ¿quién decide qué está bien y qué está mal?

Si tomas una decisión y alguien sale dolido toda la buena decisión que has tomado pasa a convertirse simplemente en eso, decisión.

Siempre solía pensar que hay que hacer más caso a la mente que a los sentimientos. Quién coño haría caso a algo inerte y abstracto que te hace sentir como un chute de LSD en cuestión de segundos.
Algo que no controlas, que te controla. Que hace que un día nublado te queme la piel si esa persona está a tu lado. Algo de lo que no puedes escapar, y la mente es el único puñado de cordura que queda en ti.

Porque los sentimientos son cómo una granada sin seguro, cómo un coche sin frenos, cómo un paracaídas sin el “para”.

Pues para qué los queremos, diréis. Los tiramos a la basura o los encerramos bajo llave y listo. Nos guiaremos por lo técnico, lo previsto, lo cualificado y lo estructuradamente ordenado.
En cada rincón donde he intentado guardar los míos o de cada manera que los he intentado destruir, se han vuelto contra mí y han vuelto a mi bolsillo.





Y con el tiempo me di cuenta de que son parte de ti, una parte tan inmensa que es imposible vivir sin ella, y se convierte en la droga que nunca hemos podido chutarnos, porque nació junto a nosotros.

Y finalmente mi tortilla interior da la vuelta. Pensaba que los sentimientos eran nuestros asesinos, y era la mente quién los podía encarcelar. Pero no.

Es la mente quien intenta a toda costa asesinar a los sentimientos. Es la culpable de que no tomes la decisión que sientes y que te hará feliz por temor. Y si, con la mente se crea el miedo.

Es la culpable decía de que dos personas no puedan ser felices juntas por el temor al rechazo, al fracaso o al qué dirán.

Es la que hace que estés tomando un camino en tu vida el cual no disfrutas y te está destrozando los pies. Para qué ir en tacones cuando puedes ir descalza y feliz.

Usemos la mente para recordar y los sentimientos para vivir.

Recordar aquello que nos hizo feliz, las personas que dejamos atrás, inmortalizar momentos y sentimientos que vivas en el presente.
Y abrirnos enteramente a los sentimientos, que todo el mundo se rija por lo que siente y todos encontraremos nuestro hueco en este pequeño mundo, y nuestro lugar en nuestro enorme universo.


Sábado soleado, dolor de sonreír, corazón convulsionando, ganas de vivir.


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