Siempre me ha interesado y aterrado la
idea de que formamos parte de una cadena. Para todo.
Nuestras decisiones y quienes somos
influyen de manera directa e indirecta a todas las personas que te
han conocido. Da un miedo que te cagas.
Por eso dicen que somos dueños de
nuestro destino. Porque de una manera u otra, lo vamos cambiando poco
a poco.
Hay infinitas formas de que mañana sea
mañana. Es decir, infinitas posibilidades de cómo el día de mañana
puede ser. Y cómo las personas van cambiando a medida que recorren
su carretera, tomando salidas y jugando con lo intermitente.
Nunca seremos como fuimos, y nunca
vamos a volver a ser lo que somos. Porque cada decisión, cada si y
no, cada silencio o cada salida “sin salida” que cojas de tu
carretera, va a cambiar todo, y a todos.
Yo lo veo tan bonito. Nunca seremos la
persona que conoció a otra. Nunca seremos la persona que se enamoró
de otra. Nunca seremos la persona que traicionó a otra.
Nunca seré la persona que escriba
esto. Y no sé que va a venir después.
No sé que decisiones tomarán otros
que harán cambiarme.
Y sobretodo no sé que decisión tomaré
que me haga ser otra persona.
Sacudiendo mi mundo y cambiando mis
luces a intermitentes.

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