lunes, 4 de junio de 2018

Never do anything rong




Siempre me ha interesado y aterrado la idea de que formamos parte de una cadena. Para todo.

Nuestras decisiones y quienes somos influyen de manera directa e indirecta a todas las personas que te han conocido. Da un miedo que te cagas.

Por eso dicen que somos dueños de nuestro destino. Porque de una manera u otra, lo vamos cambiando poco a poco.

Hay infinitas formas de que mañana sea mañana. Es decir, infinitas posibilidades de cómo el día de mañana puede ser. Y cómo las personas van cambiando a medida que recorren su carretera, tomando salidas y jugando con lo intermitente.

Nunca seremos como fuimos, y nunca vamos a volver a ser lo que somos. Porque cada decisión, cada si y no, cada silencio o cada salida “sin salida” que cojas de tu carretera, va a cambiar todo, y a todos.

Yo lo veo tan bonito. Nunca seremos la persona que conoció a otra. Nunca seremos la persona que se enamoró de otra. Nunca seremos la persona que traicionó a otra.

Nunca seré la persona que escriba esto. Y no sé que va a venir después.

No sé que decisiones tomarán otros que harán cambiarme.
Y sobretodo no sé que decisión tomaré que me haga ser otra persona.

Sacudiendo mi mundo y cambiando mis luces a intermitentes.


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