La verdad es que la vida te va a impresionar y emocionar de formas que nunca imaginaste, al igual que te pisoteará y te romperá el corazón en pedazos. La vida te regalará el tipo de lecciones que te harán crecer, construirte y sobre todo ayudarte a llegar a ser la persona que siempre quisiste ser, y sientes que eres. Pero te cobrará el tipo de perdidas y dolor en tu vida, que te cambiarán y deformarán de la peor de las maneras. La vida te pedirá que hagas todo el trabajo, que te conozcas y te quieras, pero que sin ayuda te sanes de todo aquello que te duele. Te enseñará a ser valiente, a luchar por ti mismo.
Al final del día, la valentía no es un campo de batalla. No es saltar al vacío o creerte más fuerte que lo que te echen enfrente. La valentía es la cosa más silenciosa que conocerás jamás. Es levantarte en las mañanas cuando tus huesos más pesen y tu corazón no quiera salir de las sabanas para que le de la luz. Es aprender que cuanto más te rajen y crujan, más debes mirarlo a los ojos, darle el nombre y el sentido que merece y afrontarlo. Al fin y al cabo ser valiente es saber ser cariñoso contigo mismo, especialmente cuando no es conveniente o fácil, sobre todo cuando sientes y piensas que no te quieren o debes ser querido. Es alejarte de lo que te daña, por mucho que quieras quedarte.
Pero más que nada, ser valiente es la manera en la que afrontas y defiendes tu luz. En que, aunque te traten mal, sigas siendo buena persona con los demás aunque en esos momentos no quieras serlo ni contigo mismo. Es dejarte creer en que mañana el sol brillará más fuerte, aunque las predicciones digan que hará tormenta. Es creer, aunque no sepas como seguir en el camino. Saber que hay mucho más de ti, que tendrás la habilidad de salvarte como nunca lo has hecho antes.
Es saber que vas a sobrevivir.
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