Te mereces ser querido de la forma que quieres a otros. Mereces ser visto. Dormir junto a alguien que no intenta callar los latidos de tu corazón, o tu pasión, o la forma en la que te presentas en este mundo. Mereces estar con el tipo de persona que ama todas tus carantoñas y no intenta evadirlas. Mereces querer a alguien que no te juzga en las maneras que tienes de curar tu tristeza, alguien que entierra tu pasado, junto con el suyo. Mereces sentirte elegido y nunca querido a mitades. Alguien que esté segura contigo, alguien que esté.
Antes de eso, tu también mereces ser esa persona contigo mismo. Así que, por favor, valora tu corazón. Defiéndelo. Aprende cuando dejar atrás a personas que no te quieren de la forma que mereces, porque un amor anclado a la conveniencia, anclado a la costumbre, o anclado a la necesidad de atención en vez de pasión, es un amor que no estará cuando a las cuatro de la mañana un día de lucha lo necesites. Sólo acepta el amor puro, el tipo de relación que te motiva a ser mejor persona, el tipo de intimidad para tatuar y no vacilar.
Hasta entonces, mejor solo. Usa tu capacidad de estar solo, la capacidad de ser tu propio hogar, tu propio fundamento, que reflejará directamente el amor que siente hacia tus personas importantes cuando ellos entren en tu vida. Cuando te conozcas, cuando defiendas tu corazón, no serás un banco roto que sólo acoge medios corazones en su vida. El amor se convertirá menos en llenar un hueco, menos en tener una posesión, menos en dependencia, y se transformará en algo que podrá llenar, sentir y apreciar en su máxima capacidad.
Porque ya no tendrás miedo a que una pérdida te destroce. Ya no tendrás miedo a estar sin ello porque siempre, siempre te quedarás tú.
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