Quizá hay lugares a los que jamás se debería volver. Los visitaste tiempo atrás, guardas un recuerdo de cómo eran, de cómo eras tú cuando estuviste en ellos, y al regresar te das cuenta de que todo ha cambiado, que nada fue como creíste. El lugar. Tú.
La nostalgia es una pésima compañera de viaje. Y más la nostalgia de lo que creías que era. Te distrae de lo nuevo. Te arrastra a lo conocido. Y una vez allí te susurra con malicia: "¿Te das cuenta? Nada permanece. Ni fue"
No hay comentarios:
Publicar un comentario