Prender fuego a aquello que te ha hecho daño, al igual que hacerlo con aquello que has querido o con aquello a lo que te hizo una vez feliz. Prenderle fuego a lo que te dicen que debes aspirar a convertirte y quedarte a mirar cómo arde, liberándote, o pensando que aquello jamás volverá a ser algo más que ceniza, es, en última instancia, un acto de valentía y, sobre todo, una oportunidad de renacimiento.
La vida te prenderá fuego a muchas etapas, a muchas historias, a muchas otras cosas. A veces te dejará solo, rodeado de escombros y con una peste insoportable a que todo lo que no seas tú es pasado y está muerto. Otras veces te ayudará a acabar con aquello que te estaba convirtiendo en un iceberg, frío, engañado y con cien mil sentimientos y sueños bajo la superficie. Quizá te dé la cerilla a escondidas y te diga dónde conseguir chispa y hacer arder el mundo. Muchas veces explotarás tú mismo o explotará todo a tu alrededor, y no serás capaz de percibir el olor a gas ni de correr para salvar aquello que ya está siendo sucumbido por las llamas.
Y cuando todo esto ocurra, cuando las cenizas de aquello a lo que tanto querías ya estén volando y se te escapen, cuando veas que después de todo ese fuego no queda nada detrás, cuando hayas acabado con todo lo que se supone que debías ser y no sepas por dónde empezar a ser de nuevo, comprende que la vida no se entiende sin reconstrucción, la vida no se entiende sin la capacidad de levantarse, no se concibe sin momentos de superación.
Recuerda que en las cenizas también queda vida. Y tal vez te encuentres en ese momento épico de la película donde caminas a cámara lenta y explosiona el lugar donde te encontrabas hace unos segundos. Donde fuiste tú hacía solo un instante. Donde no te soportabas o donde no eras feliz. Donde te habían envenenado y regalado el mayor daño posible. Donde te quemaron y esparcieron tus cenizas por madera podrida. Pero todo aquello que necesitas para volver a empezar solo consta, realmente, de olvidar el fuego que te sucumbió, olvidar lo que eras antes de arder y enterrar el recuerdo de ser quemado.
Empieza a arder, conviértete en ceniza, y resurge en algo totalmente ignífugo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario