Todas mis entradas llegan acompañadas de una inspiración, situación o circunstancia que se ha dado a lo largo de mi día o semana. Esta no iba a ser menos. Esperando, como no, en la parada de autobús de la universidad de Sevilla a mi casa, me percaté de dos mocosos de temprana edad, rondando los seis años, ambos de pelo rubio y de ojos azul cielo. Tanto uno como el otro iban saltando y chillando con una sonrisa esbozada en sus caras. La madre les riñó, ahí descubrí que eran hermanos y estos le pidieron chucherías a la madre. Ella aceptó y se las proporcionó. No debo negar que no llevaba un día para tirar cohetes, pero la cara de felicidad que vi en esos niños mientras jugaban y comían fue un verdadero rayo de luz en un día de tormenta. Todo eso me hizo pensar que infancia había tenido y aquí estoy dispuesto a contarla. Sin mas dilación, hablemos de la infancia.
Situémonos. Si hablamos de la infancia de 0 a 4 añitos somos un par de pañales, biberones llenos de una extraña mezcla misteriosa de leche y demás que a día de hoy sigo sin encontrar la dichosa receta de tal exquisitez, y por una parte nadie nos hace caso ya que no podemos hablar y no escuchan lo que necesitamos, y por otra parte están minuto si y minuto también pegados a nuestra blandita y suave cara. Es una etapa en la cual no sabemos donde estamos, todo es nuevo y bueno, mucho no hay que decir ya que ninguno nos acordamos, por mucho que hagamos memoria. Ser un bebé era como ir a un hotel de cinco estrellas durante 4 años gratis. Ala, a disfrutar.
Pero la esencia real de la infancia se establece entre los 5 y los 9 años. Etapa en la cual tu vida está llena de alegría. Etapa en donde todas las personas eran tus amigos, donde solo cabía la diversión y el amor, donde un recreo era más que un trofeo, donde no había diferencias entre ricos y pobres, chicos y chicas y mucho menos nacionalidades. Era el mundo de los niños, donde el daño estaba prohibido, donde ser el pequeño significaba que eras lo primero. Solo gastabas tu tiempo en sonreír, saltar, jugar, regalar sonrisas y cariño. En otras palabras, vivir. Lo maravilloso de la infancia era que cualquier cosa era maravillosa. Nuestro único problema era si al llegar a casa estaría los dibujitos en la televisión que tanto nos divertían, si el balón estaba inflado o si tus amigos te estarían esperando. El amor era felicidad, todos se querían y jugaban al unísono del atardecer. Un día era un folio en blanco en el que podía suceder cualquier aventura, sin obligaciones ni restricciones. La vida diaria de las vacaciones de verano se daban en tu vida en todas las estaciones. Nuestros padres eran nuestros héroes y nuestro refugio estaba alrededor de los brazos de nuestra madre. Perdonar se nos daba de fábula y un error no suponía ni lo más mínimo. Todo se enlazaba y arreglaba con una sonrisa o carcajada. No hay siete maravillas del mundo a los ojos de un niño, hay siete mil millones de maravillas. Porque lo que se es de niño, no se es nunca. Siempre disfrutando el tiempo, siempre siendo de VERDAD.
Ya
en lo personal debo decir que no hay etapa más bonita que la ya nombrada. Yo
fui un niño muy feliz, sin temor a nada, sin rencor a nadie… Todo se lo debo a
mis padres, ellos me lo han dado todo, ellos sí son mis Dioses. Yo fui
afortunadamente el ‘’pequeñín’’ de la casa y nunca me ha faltado de nada, unos
padres que no me los merezco y un hermano que me ha acompañado en todas mis
historias. Solo puedo, si lo leen, darle las gracias desde lo más profundo de
mi corazón. Lo que seremos está allí, en su configuración y sus objetos. Nada
en el mundo abierto y andarín podrá reemplazar al espacio cerrado de nuestra
infancia, donde algo ocurrió que nos hizo diferentes y que aún perdura y que
podemos rescatar cuando recordamos aquel lugar de nuestra casa.
Para
terminar, en vez de centrarme más en mí, querría deciros que desafortunadamente
miles y miles de niños, no pueden disfrutar de la preciosa infancia que tú y yo
hemos podido tener el placer de vivir. Esos niños, de África, Etiopía, y demás
zonas pobres del planeta nacieron ya sufriendo, en vez de correr y jugar, corren
y huyen de las guerras, en vez de pedir chucherías a sus madres piden agua al
cielo, en vez de sonreír, lloran. El poder de difusión que tiene Internet es
muy poderoso y sólo quiero concienciar y remover un poquito vuestros corazones,
ya que si no pueden hacerlo ellos, que ni saben lo que es Internet, lo hago yo
con todo mi corazón. Quien pueda y quiera, puede apadrinar un niño, donar comida
a una ONG, o simplemente saber que, no muy lejos de aquí, un niño de apenas 5
años, está ya luchando por sobrevivir. Muchas gracias a todos.
La infancia es algo de la que todo el mundo debería poder disfrutar y recordar con una sonrisa

No hay comentarios:
Publicar un comentario