La clave del éxito está en saber que, si el mundo es redondo, puedes permitirte de vez en cuando pensar que estaba loco el que lo dijo, y que ser cuadrado le sienta de locos. Consiste en comprobar que unos ojos café americano pueden volarte la cabeza desde cualquier patio de Chamberí, que la cerveza sin alcohol contigo puede darle el sabor que la vida se merece un domingo de bajón a punto de caer la noche. La clave del éxito es insistir en la lealtad, en los objetivos, y no en las personas (que no quieren). Está en filtrar, en ser todo lo selectivo que se considere necesario de vez en cuando, en sentarte una tarde cualquiera mirando al atardecer y sentirte pleno. Consiste en correrte una tercera juerga mundial, levantarte y cumplir con esa persona intocable, en reconocer que estuviste enamorado como un gilipollas de una gilipollas que todavía no sabe que también lo está. La clave del éxito está en confiar en alguien después de todo. En la calma después de la tormenta, en leerte ese libro que jamás pensaste, en escuchar esa canción una y otra vez desde el lavarse los dientes de la mañana a la última copa de vino de la noche, ese vino y no se va. En perder la perspectiva cuando tu corazón te pide que lo apuestes todo a lo abstracto. La clave está en ser tú, siempre, muy tú, siempre.
Y recuerda, las cosas pasan de repente, y de repente pasan las cosas.
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