Sentado estaba la primera vez que ella se introdujo en el fondo de mi ser. Impregnando cual virus todas mis cavidades, dejando claro quién postraba su bandera en este cuerpo inerte. Después de las tantas vueltas que la manilla del reloj dio, después de cuantos besos mi tez recibió, después de cuantos argumentos bípedos y fugaces mi oreja escuchó, y después de cuantos gritos ella oyó, el tiempo murió.
Un día ella matando el tiempo, agarró sus cosas. Necesitaba apoyo y yo deseaba convertirme en muleta. Nunca sabrá cuánto significa para mi, jugaría el partido todo el día sin saber que yo soy el árbitro.
Entrego cada palabra, cada pensamiento, cada sonido. Cada tacto, cada sonrisa, cada enfado. Entrego todo el dolor que hemos soportado hasta ahora. Entrego toda la esperanza que perdí y tu encontraste.
Mientras debato que es lo que estoy buscando, ella comienza a armar un muro detrás de su puerta. Viajaría en el tiempo para mandar un mensajero que le diga que me deje entrar y junto a ella poner el primer ladrillo, pero me temo que ella disparará a cualquiera que ose acercarse.
Así que espero sentado en el rellano, debatiendo con mi alter ego cómo hemos acabado aquí. Y él me lo deja bien claro;
"Creo que encontraste una flor en un campo de espinas, buscándola tanto que de tus manos sólo queda sangre. Y sus pétalos se resbalan entre tus dedos."
¿Qué importa más? ¿Pasearse por una impetuosa gardenia, o escalar hasta la cima de un rosal?
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