domingo, 9 de octubre de 2022

Ah, era esto.

Me enamoré de la música porque se parecía mucho a la realidad, tanto que siempre la he confundido con ella. Pero la música siempre me proporcionaba más respuestas que la vida. En ella, los círculos se cerraban, todo encajaba, uno llegaba a la última nota y suspiraba "ah, era esto.

Siempre tuve predilección por las canciones que desgarran, por la capacidad de dar forma y significado a aquello que sientes bien dentro. Porque al mirar en uno mismo todos tendíamos a hacer lo mismo: a encadenar un suceso con otro. Sin embargo, esa concatenación sólo existe en el corazón de quien lo siente.

En la música habitan historias cerradas, y existen unos porqués que permiten entender el sentido de lo que se escucha. Nada está puesto por azar, y los elementos de la canción están perfectamente calibrados. Quiero decir que si en determinado momento se cuela un mechero amarillo en la canción es porque probablemente ese mechero jugará un rol importante más tarde. Ya lo decía Zizek: si aparece una pistola en la canción es porque alguien la ha disparado.

Eso me reconforta. Porque luego, lo cierto es que la vida está llena de pistolas sin disparar, de mecheros no solo amarillos sino de todos los colores, y nadie sabe qué hacer con ellos. Se quedan perdidos en la melodía, sin sentido, sin nadie que los recoja del suelo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario