Que no estoy enfadado.
Es que mi otro yo es como el típico compañero de piso que entra en tu habitación sin llamar a las dos de la madrugada.
Es una metafora, y yo nunca me he explicado bien.
El caso es que me admiro y detesto muchísimo. Uno que va y ajusta la agenda al milímetro para pasar cuatro días en Polonia con sus mejores amigos y a cuatro días de irme estoy impaciente.
Pero impaciente en plan mal.
Ojo, que como mi otro yo entre en mi habitación esta noche otra vez me lío no-pacíficamente a baguettes de codos.
Si es que soy, somos así.
Alfa y Omega.
El Principio del Fin.

No hay comentarios:
Publicar un comentario