No sabéis cuantas veces he cogido la calculadora para ver las posibilidades que existían de haber destruido el universo en 21 años.
Y no es por echarme flores pero si hubiera un récord guinness de destrucción, habría una foto mía sonriendo en esa página.
Destrucción interna y externa, aunque más que destrucción, autodestrucción.
Lo he hecho tantas veces, tantísimas veces, que ya no sé cuando será la próxima, si siquiera habrá, o si ya vivo en mi autodestrucción constante.
Destruir ya lo encuentro borroso y a la vez familiar. Todas las destrucciones que he generado han sido diferentes. Algunas las activaba yo, otras tenía alguna ayuda de una mano nada inocente.
Algunas otras no necesitaban activarse y dentro de mí, algo que latía y sangraba, explotó.
Es fácil destruir un universo, a veces no tienes que hacer nada. De repente un meteorito de golpea y la función empieza.
Ya incluso lo considero arte.
El arte de destruirte.

No hay comentarios:
Publicar un comentario